¿Cuánto cuesta ser verde?

20/08/2010

No cabe ninguna duda que ser verde interesa, no sólo como elemento diferenciador ante la competencia, sino también por los beneficios que repercuten al medio ambiente, sin embargo, esta política cuestadinero, y no siempre se está dispuesto a asumir estos costes.

Lo verde vende, tranquiliza conciencias, mejora la imagen y rellena carteras. Pocas estrategias de márketing son tan eficaces hoy en día como la de colgarse el cartel de “ecológico”.

La preocupación por la ecología y la protección del medioambiente, se ha convertido en una importante baza a la hora de anunciar nuestros servicios y productos.

Dentro del gremio de la demolición el ser ecológico ya no es una oportunidad ni una elección, es una obligación.

Con la legislación reguladora como la ley 26/2007 de Responsabilidad Medioambiental, el Real Decreto 105/2008 sobre gestión de Residuos de Construcción y Demolición o la futura ley de Residuos y Suelos Contaminados, que adapta a la normativa española la Directiva Marco de Residuos 2008/98/CE, se ha iniciado el camino para la protección del medioambiente.

Esto ha supuesto que las empresas especialistas en demolición hayan evolucionado hacia una concepción integral, entendiendo que su trabajo es el conjunto de procesos y aplicaciones orientados a la recuperación, clasificación, reutilización de materiales y espacios constructivos.

Pero toda esta buena conciencia y esta nueva fórmula de marketing esconde un gran problema, el dinero.

¿Es rentable?

Ser verde cuesta dinero (que quiere decir que sea caro), y la correcta gestión de los residuos de construcción y demolición generados en la obra supone un gran esfuerzo económico.

Las técnicas para aprovechar los residuos y hacerlos útiles son costosas, y las empresas cada vez tienen menos recursos económicos y más deudas que afrontar.

No obstante, nos debemos plantear varias preguntas acerca de ¿cuál es el mundo que queremos dejarle a nuestros hijos?, o ¿hasta cuándo es sostenible esta situación?

Mientras algunas empresas emplean sus esfuerzos en encontrar la manera burlar la ley, protegiéndose en los pequeños resquicios que hay en la normativa vigente, y en las diferentes interpretaciones que se hacen en las distintas comunidades autónomas, otras muchas, las que sí se esfuerzan en mantener el entorno, en cuidar la naturaleza y gestionar y valorizar los RCD, además de pelear por los pagarés deben luchar porque su trabajo para que todos seamos verdes se pague adecuadamente.

Ya no se trata de una cuestión de justicia o no, se trata de una cuestión de conciencia y de analizar en qué medida le interesa o le merece la pena a la sociedad ser verde.

Quien algo quiere, algo le cuesta, y la gestión de los residuos supone un mayor esfuerzo, más personal, más maquinaria, más tiempo invertido pero, a la vez, más vida. ¿Estamos dispuestos a pagar lo que cuesta ser verde?